Mayo 14, 2026
El Concurso de Arte Popular Mexicano “Xcaret, Ayer y Hoy”, nace en el año 2024 con la finalidad de apreciar y adquirir hermosas obras de arte popular mexicano.
Te presentamos a los ganadores del 2025 y te invitamos a que asistas a la tercera edición de la Feria Xcaret de Arte Popular Mexicano del 24 al 27 de septiembre en la Hacienda Henequenera del Parque Xcaret para que puedas apreciar y adquirir hermosas obras de arte popular mexicano.
Originaria de San Antonino Castillo Velasco, Oaxaca, Severa Leonarda se distingue por su trabajo en bordado y deshilado de San Antonino, Severa, aprendió esta técnica tradicional a los ocho años, siguiendo los pasos de su madre y de su abuela, lo que refleja la transmisión intergeneracional del conocimiento y la identidad cultural de su comunidad.

En esta edición presentó su pieza “Vestido de Novia Za’a (Nube)”, una obra que representa la riqueza del arte popular mexicano y contribuye a la preservación de los saberes artesanales que forman parte de nuestro patrimonio cultural.
Desde Santa María del Río, San Luis Potosí, Arturo Estrada da continuidad al tejido de rebozos en técnica de Ikai, un saber que aprendió al crecer entre telares y maestros reboceros en la “cuna del rebozo mexicano". Su trabajo refleja el conocimiento heredado y el profundo respeto por el arte textil.

Con su pieza “Aurora Boreal” demuestra su calidad en técnica y el cuidado en cada detalle, contribuyendo a la preservación de los saberes textiles que distinguen el arte popular.
Originario de Temalacatzingo, Guerrero, pertenece a la tercera generación de una familia de artesanos. Desde pequeño comenzó a involucrarse en el oficio ayudando a su madre a resanar piezas y aprendiendo de su padre, Don Juan Ayala.
Su infancia, marcada por la ausencia de juguetes, lo llevó a desarrollar una profunda creatividad que hoy se refleja en la transformación de la madera en juguetes, carruseles y piezas lúdicas. A través de los años, Genaro ha consolidado un estilo propio que lo distingue dentro del Arte Popular.

Especializado en juguetes en maque y laca, presenta su pieza “Carrusel Mecánico”, una obra que destaca por su ingenio, técnica y aportación a la preservación de los saberes artesanales tradicionales.
Originaria de San Bartolo Coyotepec, Oaxaca, desde temprana edad aprendió en el seno familiar la tradición de la cerámica, un legado que se remonta a tiempos prehispánicos y que permanece vivo gracias a su dedicación. Sus piezas se distinguen por un estilo propio, en el que se plasman relatos zapotecos que evocan la muerte y la espiritualidad, mantenido una viva herencia cultural que forma parte de su identidad.

Utilizando la técnica del Barro Negro presenta su pieza “Madre Yucateca”, nos demuestra el conocimiento de su historia a través de la herencia familiar, reafirmando el valor de la cerámica como expresión viva de su arte.
Originario de Tonalá, Jalisco, Pablo Pajarito pertenece a la quinta generación de una familia dedicada al arte ancestral del trabajo en barro. Desde niño observó a su padre Don Nicasio, quién lo introdujo al conocimiento tradicional trasmitido de generación en generación.

A lo largo de los años, Pablo ha desarrollado una técnica propia en la que utiliza pigmentos naturales, mezclando barro de su región con agua de manantial, logrando unas piezas con una identidad única. Mediante la técnica de barro canelo, presenta su obra “Sentimientos profundos de un legado” en la que destaca una textura y color característico que mantiene viva la herencia familiar.
Originario de Álvaro Obregón, CDMX, inició su camino artístico a los 12 años junto a Wendell Riggs, fundador del Bazar del Sábado en San Ángel. Creando cajas miniatura que narran historias sobre las tradiciones y costumbres mexicanas.

Sus piezas elaboradas con técnicas mixtas únicas e irrepetibles –madera, pasta, metal, semillas, reflejan una mirada detallada y sensible del patrimonio cultural. A través de la técnica del diorama, presenta su obra “Tradiciones y costumbres de México” una pieza que revela las múltiples historias que conforman la identidad cultural del país.
Tercer Lugar: Elena Nicolás Hernández
Procedente de la comunidad San Juan Colorado, Oaxaca, Elena aprendió desde los seis años el dominio del telar de cintura, una técnica ancestral que forma parte esencial de la identidad cultural de su pueblo. Integrante de la familia Santu, continúa un legando heredado por generaciones, en el que cada tejido expresa la conservación mixteca y el profundo vínculo entre comunidad y memoria.
Sus huipiles, reconocidos y apreciados, destacan por la precisión del tejido, la riqueza simbólica de sus diseños y el respeto absoluto por la precisión de tradiciones. Cada pieza es resultado de un trabajo minucioso que combina conocimiento ancestral, paciencia y creatividad, dando vida a textiles que narran historias y preservan el pensamiento de su cultura.

A través de la técnica telar de cintura de algodón nativo y tintes naturales, presenta su obra “Xikun Yo’o Kua’a Huipil ceremonial de San Juan Colorado”, una pieza que encarna el valor familiar, estético y cultural del textil mixteco, reafirmando el papel del arte textil como una herencia viva que se transmite y se renueva con cada hilo.
Segundo Lugar Textiles: Liliana Paola Pinzón Palafox
Originaria de San Mateo del Mar, Oaxaca, Liliana aprendió desde niña, de la mano de su madre, Francisca, el manejo del telar de cintura. Inspirada en el mar, la pesca y la vida cotidiana de su pueblo, crea tejidos de gran calidad que se distinguen por la paciencia infinita y el trazo delicado con el que transforma cada pieza en única.
Más que hilos entrelazados, sus creaciones son relatos tejidos: historias, memorias y valores que reflejan la identidad de su comunidad y mantienen viva la herencia transmitida por su madre. En cada obra se manifiesta el vínculo profundo entre tradición, territorio y memoria colectiva.

A través del tejido en telar de cintura y la aplicación de diversas técnicas, presenta su pieza “Recuerdos”, una obra en la que cada detalle expresa su historia personal y cultural, reafirmando el valor del arte textil como patrimonio de México.
Primer Lugar: Anacleta Juárez Miranda
Originaria de San Bartolomé Ayautla, Oaxaca, Anacleta Juárez es heredera de una tradición textil que ha tejido su historia familiar a lo largo de cuatro generaciones. Desde niña aprendió el arte del bordado, un saber que se transmite con paciencia, memoria y respeto por los símbolos que habitan en cada puntada.
Con manos expertas y dedicación constante, elabora blusas, huipiles y camisas de manta, utilizando hilos comerciales y fibras naturales que dan vida a piezas auténticas, cargadas de identidad y significado. En cada obra se refleja el conocimiento acumulado con el tiempo, así como el profundo vínculo con su comunidad y herencia cultural.

A través de la técnica de bordado en punto de hilván, presenta su pieza “Huipil de doble diseño con bordado antiguo”, una obra que honra la tradición aprendida y reafirma el valor del arte textil como patrimonio cultural vivo, conservado y renovado con cada creación.
Tercer Lugar: Alejandro Guadalupe García
Procedente de Cuanajo, Michoacán, Alejandro descubrió su vocación artesanal desde los ocho años, cuando comenzaba a ayudar a su padre en el tallado con gubia.
A través de la paciencia constante y dedicación, fue perfeccionando sus técnicas hasta consolidar un estilo propio, caracterizado por la precisión y el cuidado de los detalles.
Elabora una amplia variedad de piezas adornos, cuchareros, trasteros, baúles y muebles, utilizando principalmente madera de parota y el cedro rojo. Cada obra refleja la tradición artesanal de su comunidad, donde el trabajo en madera ha sido históricamente una actividad representativa, pero que con el tiempo ha disminuido.
Conscientes de esta realidad, Alejandro y su esposa Amelia se han convertido en guardianes de este legado, manteniendo viva una tradición que forma parte esencial del patrimonio y que trasmite a sus hijos.

En esta edición presentan su obra “Baúl Tradicional P’urhépecha” realizado con la técnica Madera Tallada, una pieza que sintetiza historia, funcionalidad y expresión cultural.
Segundo Lugar: Mario Gerardo Jahuey
Originario Ixmiquilpan, Hidalgo, Mario combina el trabajo de los materiales con la herencia cultural de su pueblo Hñähñu, transformándolos en piezas únicas que abarcan desde joyería hasta objectos de decoración. Con gran maestría, ha sabido dominar técnicas tradicionales para reinventar sus obras artísticas, otorgándoles una identidad propia y contemporánea.
Además de su labor creativa, Mario comparte con orgullo su conocimiento, sus tradiciones y su lengua originaria, contribuyendo a la preservación y difusión de los saberes ancestrales de su comunidad.

A través de la técnica de madera con incrustaciones, presenta su obra “Xoloitzcuintle”, una pieza que integra simbolismos, herencia cultural y destreza artesanal en una sola forma, reafirmando el valor del arte como patrimonio en constante transformación.
Primer Lugar: Agustín Cruz Prudencio
Originario de San Agustín de las Juntas, Oaxaca, Agustín Cruz aprendió desde los ocho años el arte de la talla en madera. Inspirado por los festivales tradicionales de su comunidad, comenzó a dar forma a piezas únicas y originales; figuras coloridas que destacan por la fusión de simbolismos indígenas y católicos, como San Miguel, catrinas esqueléticas y otras representaciones culturales cargadas de significado cultural.
Además de su labor creativa, Agustín dirige un taller dentro de su comunidad, donde comparte con entusiasmo el conocimiento heredado, enseñando a jóvenes artesanos y combinando la tradición con un profundo sentido pedagógico. Su trabajo no solo preserva el oficio, sino que también fortalece la identidad colectiva y el arraigo cultural de las nuevas generaciones.

Mediante la técnica madera tallada y pintada a mano, presenta su pieza “Banda de animales en rueda de la fortuna”, una obra que celebra la imaginación, la tradición y el espíritu festivo de su pueblo, reafirmando el valor del arte popular como un patrimonio vivo que se transmite, se transforma y perdura en el tiempo.
Tercer Lugar: Justino Miguel Cruz Hernández
Procedente de San Miguel Tenextatiloyan, Zautla, Puebla, Justino Miguel comenzó en la alfarería desde los diez años, continuando una tradición de cuatro generaciones. En su comunidad, este oficio no solo forma parte de la identidad cultural, sino que también es una fuente importante de sustento para muchas familias.
Justino se especializa en la elaboración de piezas tanto de uso cotidiano como decorativas, trabajadas con barro y esmalte libre de plomo. A través del moldeado, el jalado y el rastillaje, da forma a anafres, ollas y otros objetos que combinan funcionalidad y tradición, pensados para acompañar la vida diaria.
Su trabajo mantiene viva una herencia que ha pasado de generación en generación, fortaleciendo el valor del oficio y preservando los saberes artesanales de su pueblo.

En esta edición presenta su pieza, “Anafre y olla ponchera”, elaborada con la técnica de alfarería libre de plomo, como muestra del conocimiento y la dedicación que caracterizan su labor artesanal.
Segundo Lugar: Antonio de Jesús Díaz Medrano
Procedente de Tonalá, Jalisco, Antonio de Jesús creció inmerso en un entorno donde el barro y tradiciones forman parte de su vida cotidiana. Desde temprana edad, el oficio artesanal se convirtió en lenguaje: de su padre aprendió la técnica del bruñido, mientras de su madre heredó el conocimiento del colorido barro betus.
Su acercamiento al arte comenzó desde la infancia, y a los ocho años obtuvo su primer reconocimiento en el certamen de máscaras de Tastuán, un logro que construyó su identidad. Cada una de sus obras reflejan el vínculo entre tradición y contemporaneidad, donde el barro se transforma en medio para narrar historias, emociones y pertenencia cultural. Su trabajo no solo destaca por la calidad técnica, sino también por la carga simbólica que transmite, reafirmando el valor del arte como memoria viva de su comunidad.

Mediante la técnica de barro bruñido, presenta su pieza “Esta es mi tierra”, una obra que evoca sus raíces, su identidad y el amor por sus orígenes.
Primer Lugar: Marco Antonio Castillo Hernández
Originario de Izúcar de Matamoros, Puebla, Marco Antonio es heredero de una tradición de barro policromado que su familia ha preservado a lo largo de seis generaciones. Desde los cuatro años observó con atención el proceso de elaboración de las piezas, aprendiendo más adelante de su madre, Soledad, los saberes y técnicas que dan vida a esta expresión artesanal profundamente arraigada en su comunidad.
Con gran dedicación y conocimiento, Marco Antonio domina cada una de las etapas del oficio: el moldeado del barro, la construcción de las figuras y el detallado decorado con pintura acrílica, aplicando finos trazos que conceden a cada pieza una fuerza visual y simbólica única. Su especialidad en la elaboración de Árboles de la Vida refleja no solo habilidad técnica, sino también una profunda conexión con la historia, la fe y la identidad cultural poblana.

A través de la técnica de barro policromado, presenta su obra “Árbol de vida, cultura y tradición poblana”, una pieza que honra la herencia familiar y reafirma el valor del arte popular que florece con cada generación, preservando la memoria y el espíritu de su pueblo.
Tercer Lugar: Osvaldo Ruelas Ramírez
Procedente de Salamanca, Guanajuato, Osvaldo aprendió desde los seis años de la mano su familia el arte de la cartonería, convirtiéndose en la segunda generación dedicada a este oficio. Con el paso del tiempo, fue desarrollando la habilidad de transformar papel y cartón en figuras llenas de vida.
Alebrijes, catrinas, muñecas y judas, forman parte de su trabajo, piezas que destacan por su colorido, creatividad y el cuidado en cada detalle. A través de su paciencia y dedicación, Osvaldo ha creado un estilo propio que mantiene viva una tradición profundamente arraigada en la cultura popular mexicana.

En esta edición presenta su pieza “Tintirin” elaborada con la técnica de cartonería, mostrando el talento y la continuidad de este arte.
Segundo Lugar: Luis Oscar Morales Rodríguez
Originario de Rosarito, Baja California, Luis Oscar aprendió desde niño una técnica de origen azteca que ha sido trasmitida en su familia a lo largo de tres generaciones. Con talento, disciplina y profundo respecto por la tradición, transformando este antiguo saber en una forma de expresión artística contemporánea, innovado mediante el uso de popote coloreado, un material resistente a la luz y al paso del tiempo.
Su obra, conocidas como arte de paja o popotillo, se distingue por la precisión, el color y la paciencia que exige cada composición. A través de este minucioso trabajo, Luis Oscar ha logrado mantener viva una técnica ancestral, adaptándola a nuevas narrativas visuales sin perder su esencia cultural.
Junto a su hermano Octavio y un equipo de ocho colaboradores, dirige un estudio donde, además de crear, comparten su conociendo y promueve la continuidad de este arte, fortaleciendo la transmisión de saberes y el trabajo colectivo como pilares de su práctica artesanal.

Mediante la técnica de popotillo, presenta su obra “Artesano”, una pieza que expresa su visión de conservar y dignificar esta antigua tradición, reafirmando el valor del arte popular sin olvidar sus raíces.
Primer Lugar: Juan José Pérez Rodríguez
Originario de Tlajomulco, Jalisco, Juan José aprendió desde los 8 años el arte del labrado de la piedra, observando y practicando hasta perfeccionar sus técnicas. Este oficio ha sido preservado por su familia a lo largo de cinco generaciones, consolidándose como un legado que une conocimiento, paciencia y tradición.
Especializado en la elaboración de molcajetes y metates de basalto, Juan José combinando la funcionalidad y la estética en cada pieza, crea objetos que trascienden su uso cotidiano para convertirse en expresiones de arte. Su trabajo refleja el equilibrio entre utilidad y belleza, así como el profundo respecto por los materiales y los procesos ancestrales.

A través de la técnica de labrado en piedra, presenta su obra “Metale Balam”, una pieza que honra la herencia familiar y reafirma el valor del arte en piedra como un patrimonio vivo que continúa en la vida cotidiana y cultural de México.
Este concurso tiene como finalidad estimular a los maestros artesanos de México a continuar elaborando obras de calidad que se distingan por sus aportaciones culturales, artísticas, técnicas y estéticas, al tiempo de coadyuvar a promover el Arte Popular Mexicano como Patrimonio Cultural de nuestro país.
Participan los artesanos invitados a la Feria Xcaret de Arte Popular Mexicano con sus piezas artesanales que representan lo amplio y diverso que cada comunidad conserva como valores sociales y culturales que los identifican, así como los conocimientos inmateriales de su cultura social, lúdica y festiva.
Reconocer públicamente a estas personas creadoras por el dominio, uso técnico y por el rescate de sus saberes artesanales después de haberlo practicado durante muchos años o que, siendo jóvenes, se destacan por sus aportaciones creativas innovando sin olvidar sus raíces y tradiciones culturales. El Arte Popular cambia para permanecer.

Amante del Arte Popular, Coordinadora de la Feria Xcaret de Arte Popular Mexicano.

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