Una herencia que trasciende

Manteniendo vivo el fuego sagrado de la tradición

 

Los valientes canoeros decidieron emprender un viaje que los ha llevado no sólo a prepararse físicamente y emocionalmente durante 6 meses, sino que también los ha llevado a reencontrarse consigo mismos en el mar.

Cada uno de los 353 canoeros tuvieron un motivo diferente, una persona a quién dedicar este viaje y sobre todo una razón que los motivó a cumplir este reto.

 

 

Los canoeros aprendieron a trabajar en equipo y han encontrado en sus compañeros de canoa una familia con la cuál cruzaron rumbo a Cozumel. Y más allá del gran reto físico, los canoeros están manteniendo viva una tradición ancestral junto con los voluntarios y colaboradores que ponen su pasión en lo que hacen. Tradición que muchos de ellos están compartiendo con sus amigos, hermanos y en algunos casos, hasta con sus hijos, logrando que cada vez la semilla de la travesía llegue a nuevas generaciones.

 

 

La tradición de la Travesía Sagrada Maya inicia un día antes del cruce a la isla de Kuzamil. Todo inicia en Polé, en donde entre el olor a copal, en donde los habitantes se reúnen para intercambiar sus bienes. Se venden alimentos como frutas, pescados, miel, maíz y especies y hasta artesanías como collares y guajes. Polé se envuelve en una celebración de colores y al caer la noche inician las danzas al ritmo de los tambores y las flautas, todo para pedirle a Ix Chel que guíe el corazón de los canoeros.

 

 

El tan esperado día llegó y junto con el amanecer, los mensajeros del maíz surcaron rumbo a la isla de las Golondrinas en busca del mensaje de Ix Chel. Cada guerrero que clavó su remo en el mar convirtió a la travesía en una hazaña. Después de muchas horas bajo el sol, los canoeros cruzaron Xibalbá y llegaron a Kuzamil. Los caracoles anunciaron su llegada y con el sonido de los tunkules, el pueblo empezó a danzar. Al llegar la oscuridad de la noche, la diosa Ixchebelyax apareció para bendecir a su pueblo y encender el fuego de la creación.

 

 

El fogón sigue ardiendo y con un nuevo sol, inició un nuevo día, el momento de llevar el mensaje de Ix Chel a Polé. Los habitantes de la isla se reunieron a despedir a los canoeros. Otra vez se enfrentaron al mar, pero esta vez, protegidos por los hilos de luz que Ix Chel tejió sobre ellos.

Los canoeros arribaron a Polé y con ellos trajeron el mensaje del fuego encendido. Un fuego que siempre debe permanecer prendido y representa el calor, la comida y la alimentación. Ahora, todos los habitantes llevan en sus corazones la herencia de la veneración de Ix Chel y el fuego sagrado que arde en Xamanha, Polé y Kuzamil, las tres piedras del fogón.