Cuatro sabios consejos

Para vivir en armonía con la naturaleza 

Mi nombre es Fermín y vivo en Xcaret casi desde que era un coatí cachorro.

Nací en el parque en el dosel del Sendero de la Selva: mi mamá construyó un nido en las ramas altas de un zapote junto al río de las trajineras, porque ahí quedaba muy cerca la comida de los jabalíes.

Desde pequeño he sido el consentido de todos los veterinarios de fauna silvestre: han revisado mi salud y me han colocado un collar azul que me distingue entre la manada, aunque a veces me causa problemas. Por ejemplo, es más difícil pasar desapercibido cuando nos metemos a la oficina de Nelson a hurtar los dulces que esconde en lugares estratégicos.

En fin, mi labor  es hacer rondines por el Parque con el grupo de coatíes para que los turistas se deleiten con nuestras travesuras y sonrían. 

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Ilustración de Ana Viniegra

 

Pero regresemos al tema de que nos reúne hoy, un tema que debe tomarse como aprendizaje de la vida misma: ¿cómo  convivir con la fauna silvestre?

Los animales de la fauna silvestre no hemos sido domesticados por el ser humano: nuestra vida es guiada por el instinto que la evolución ha imprimido en nuestros genes. Somos perfectos e importantes en la naturaleza, tan es así, que la perfección que existe entre la fauna silvestre y la flora de Quintana Roo, creó uno de los lugares más hermosos de la tierra: todo, hasta el color turquesa del mar es resultado del equilibrio de diversidad, de vida y muerte, donde hay manglares, selva, mar, playas, cielo, temperaturas, humedad y sombra.

Cada elemento de este lugar es importante, la península y sus hábitat son un gran ser viviente, latente, con cualidad de nobleza, que respira y exhala, que siente y que se comunica por medio de la belleza, del color, de la densidad de la fronda, de la brisa por encima del dosel, de los olores de orquídeas y zorrillos, en cada flor y en cada insecto hay una exhibición de vida que ha aprendido durante la evolución de la vida misma a estar en perfecta armonía en este nicho que es el planeta.


Después de un profundo ejercicio de razonamiento y algunas tortillas que hurté de la tortillería, logré hacer una lista de recomendaciones para que los seres humanos logren una convivencia apropiada con nosotros los silvestres, ya sea como turistas o como vecinos de nuestras selvas.

 

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Ilustración de Ana Viniegra



1.- Libertad.

Nuestra forma de vivir es muy diferente a la de las personas; inclusive entre nosotros, cada especie tiene sus costumbres y sus instintos. Nosotros los coatíes por ejemplo, de pequeños somos adorables, nos divertimos, reímos y jugamos, pero de grandes nos gusta morder y hurtar. Nuestros dientes son muy filosos y nuestra costumbre del diario es trepar, escarbar, hacer surcos en la tierra con nuestras garras gigantes y con la nariz, para detectar cualquier deliciosa larva de escarabajo o lombriz que pudiera estar por ahí enterrada. Sobre todo, nos gusta hacer crujir los caracoles.

Pero como mascotas, perdemos toda nuestra motivación, perdemos el placer de andar kilómetros en manada jugando, brincando de bejuco en bejuco; hacer acrobacias en las lianas, perdemos los árboles, no podemos trepar ni arañar con las garras tan fantásticas que tenemos, ni hacer agujeros ni arrancar cortezas.

El encierro y la falta de nuestra familia y naturaleza silvestre y nos vuelve destructivos por la inquietud. Pero nosotros no lo hacemos por molestar, sino porque es nuestro instinto. En nuestra selva, arañar, arrancar corteza y escarbar beneficia, porque en realidad estamos limpiando a los árboles de insectos, estamos fertilizando con nuestras popós y estamos removiendo la tierra, quitándole hojarasca de encima: así los árboles se oxigenan y todo es más fértil y frondoso. 
Cuando las personas nos otorgan la libertad de ser y estar en nuestro medio, ellas aprenden algo muy importante: la libertad para sí mismos, la práctica de no necesitar, tener o poseer más que belleza y bienestar: eso los convierte en seres libres, como nosotros.

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2.- Contemplar.

La contemplación es un acto de despertar los sentidos y la naturaleza es el escenario perfecto. Como fauna silvestre somos perfectos para ser contemplados, nos comunicamos por sonidos, por actitudes, nos damos cariño, nos advertimos del peligro. Muchas veces convivimos diferentes especies por alguna razón benéfica para ambos y también tenemos códigos de alarma. Berenjeno el sereque, por ejemplo, es muy nervioso y, si se asusta, eriza las púas de su trasero como erizo de mar y huye de un brinco en un santiamén.

También nos comunicamos por los olores, y hay olores muy potentes como el de los pecaríes de collar; cualquier miembro de la selva sabe por donde pasó un pecarí, aunque nadie le gana a la chinche apestosa. Bueno, hasta las tortugas se comunican, pero habrá que observarlas muy atentamente para saber qué se dicen.

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3.- No tocar.

A nosotros nos encanta que nos vean porque por algo somos tan bonitos, mira ese saco tan elegante del tamandúa o la bellísima cabeza blanca de un Viejo de Monte, o el increíble mimetismo de un insecto palo; aunque nadie ha llegado a superar el color rosa del Flamingo. Muchos hacemos algunos trucos silvestres para el amable espectador, pero para convivir con nosotros es preciso que no tengamos contacto, no nos toques; somos asustadizos, aunque muchas veces las personas no lo notan porque no podemos expresarlo con nuestro rostro.

Pero lo principal, es que no estamos acostumbrados a los productos químicos que usan las personas, los bloqueadores, repelentes y cremas, nos pueden afectar y causar enfermedades. Así como nuestras garrapatas y mordidas pueden causar infecciones y enfermedades en las personas.

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4.- Limpieza.

Los animales silvestres somos muy limpiecitos, tanto que nunca verás una selva, sin humanos, sucia. La naturaleza regula nuestra población dependiendo del alimento disponible y número de animales de cada especie, y los animales que mueren, son alimento de otros. Nosotros no sabemos de plásticos ni de productos que usa el ser humano. Las tortugas, por ejemplo, confunden los plásticos con medusas y muchas veces mueren por asfixia. Por eso es importante que mantengan nuestro entorno limpio, incluyendo de químicos dañinos.

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Así, entonces, para convivir con fauna silvestre, el turista o el poblador humano, tiene que aprender acerca de la empatía, siempre tener presente estas reglas de respeto: Libertad, contemplación, distancia y limpieza. De esta forma, se logra lo que todos los miembros de este planeta que tenemos la cualidad de la vida queremos alcanzar: el bienestar.