La enigmática civilización mesoamericana

que maravilló al mundo con su cosmovisión

Si el telescopio fue inventado hasta el siglo XVII por Galileo Galilei, ¿cómo es posible que los mayas hayan podido estudiar los cielos con tal exactitud? Una de las principales características de las civilizaciones prehispánicas es su asombroso conocimiento acerca de los cuerpos celestes visibles desde la Tierra. Estos influían en gran medida dentro de su día a día, además de estar estrechamente ligados a las deidades divinas. La zona sur del país no era la excepción, continúa leyendo y conoce más a fondo acerca de la astronomía maya.

¿Qué importancia tenía la astronomía para los mayas?

La observación de los astros era una práctica de suma importancia no solo para el pueblo maya, sino también para el resto de las civilizaciones prehispánicas, y por supuesto civilizaciones antiguas a lo largo de todo el mundo. Si bien, tenía una fuerte influencia dentro de su desarrollo espiritual y conexión con la divinidad, esta también impactaba dentro de su vida diaria.

Aunque los conocimientos astronómicos mayas eran propios de la clase sacerdotal, era una práctica respetada por todo el pueblo. Incluso de tal modo que conducían muchos aspectos de su vida basándose en dichos cálculos y predicciones.

Aspectos como las temporalidades se veían ampliamente afectadas por el movimiento de los astros, por ello su uso en la creación de su calendario de cuenta larga. Esto les permitía hacer estimaciones a largo plazo por medio de cálculos exactos que influenciaban la planeación de sus rituales, festividades y épocas de cultivo.

Se conoce incluso que tenían noción de algo tan inmenso como la Vía Láctea (así es, nuestra galaxia). De hecho, era considerada como parte central de su cosmogonía, estando íntimamente relacionada con el camino al Xibalbá.

¿Sabías que hasta tenían un zodiaco? Basándose en la Eclíptica (el paso del sol a través de las constelaciones fijas), los mayas podían voltear a ver a su vecino, el súper ordenado, y decir, “Eso es taaaan virgo”. Bueno… no exactamente así, pero te haces a la idea. Básicamente su vida estaba predestinada por su fecha de nacimiento en el calendario maya.

¿Cómo alcanzaban a dimensionar algo tan lejano?

Si miras al cielo nocturno en un sitio alejado de la contaminación lumínica verás un canvas negro lleno de puntitos brillantes. Algunos de ellos son estrellas como nuestro Sol, pero muchos otros son planetas que se encuentran a millones de años luz (o sea… muy, muy lejos). Sin embargo, es probable que conozcas un par de ellos, pues su existencia se conoce desde la época de los mayas.

Podrás ver, en más de un sitio arqueológico de la zona maya, construcciones especializadas, hoy en día conocidas como observatorios. Un gran ejemplo es El Caracol que se encuentra en Chichén Itzá. Era en recintos como este donde los mayas prestaban especial atención al movimiento de planetas como Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno, claro que con sus respectivos nombres mayas. Del mismo modo, observaban los periodos de la Luna y el Sol, incluso de estrellas más lejanas como Pléyades (Tzab-ek en maya, que significa “estrella cascabel”). ¿Sabías que es la única construcción redonda que se edificó en el territorio maya?

Cabe recalcar que, en su momento, los mayas no contaban con la tecnología de punta a la que nosotros tenemos acceso hoy en día. Ellos basaban sus conocimientos en la observación directa. Así es, sin ayuda de ningún tipo de telescopio como el de Galileo. Aun así, lo que tenían a su alcance era más que suficiente para recabar importante información con la que construían sus ciudades y a menudo predecían acontecimientos cercanos, todo gracias a las rutas astronómicas que veían desde la Tierra.

Hoy en día se sabe que incluso utilizaban a los cenotes como observatorios, aprovechando el reflejo del agua, en el que se podía ver claramente el paso cenital del Sol, por ejemplo.

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Calendarios mayas

Estos eran medidas de tiempo que les permitían registrar ciclos. A los mayas no les bastó con un solo calendario, pues utilizaban principalmente tres. Todos vigesimales y no repetitivos:

  • Haab’, de 365 días

Se dividía en 18 uinales (meses) de 20 kines (días) cada uno. Eso da un total de 360 días. Los 5 días restantes eran llamados uayeb o “Los 5 días desafortunados”. Para evitar la desgracia, evitaban salir de sus hogares y realizaban rituales religiosos.

  • Tzolkin, de 260 días

Mide un ciclo de 260 kines o días solares. Dicho ciclo estaba dividido en trece uinales (meses) de 20 kines cada uno. En cuanto a su origen, es considerado uno de los calendarios más enigmáticos. Con sus 260 días se estima que está basado en el periodo de gestación humana, aunque muchos otros afirman que está relacionado con los ciclos de los astros.

  • Baktun, de 144,000 días

Este calendario combina los dos anteriores y está relacionado a la famosísima teoría del fin del mundo, por allá del 2012. ¿Qué lo originó? La cuenta larga del baktún terminaría justamente en diciembre 2012, lo que sugirió que era “el fin de los tiempos”. Por suerte, cuando un ciclo termina, otro inicia y ahora lo interpretamos únicamente como un cambio de conciencia, así como de era.

Vestigios de la astronomía maya

Las inscripciones astronómicas de los mayas quedaron grabadas para la posteridad en más de un sitio. Es por dicho motivo que hoy en día sabemos de ella y nos ha permitido estudiarla más a fondo. Esto tanto para comprender mejor el pasado, como para investigaciones actuales.

Entre las fuentes donde podemos encontrar dichos vestigios de conocimiento se encuentran los antiguos códices mayas como Desde, Madrid, París y Grolier. Estos eran prácticamente almanaques astronómicos y zodiacales que influían en los rituales impartidos por los sacerdotes mayas.

También quedó evidencia literalmente grabada en piedra. Hoy en día podemos verla en monumentos como las estelas mayas de Chichén Itzá o Cobá y hasta en los muros de los antiguos templos.

Estelas mayas de Copán (arriba) y Chichén Itzá (abajo).

Descenso de Kukulcán

Muchos rituales prehispánicos ligados a la astronomía continúan vigentes. Un gran ejemplo de esto es el descenso de Kukulcán, perfectamente visible dos veces al año en Chichén Itzá. Este fenómeno de luz y sombra ha recibido atención internacional por su exactitud y sincronía con la naturaleza. Aquí algunos detalles importantes si buscas verlo de primera mano:

¿En dónde? En la pirámide principal del sitio arqueológico de Chichén Itzá, conocida como “El Castillo”.

¿Qué podrás observar? La formación de 7 triángulos isósceles de luz que se proyectan sobre la cara norte de la pirámide. Aproximadamente 3 horas antes del ocaso, y durante 10 minutos y mientras el sol se despide por el horizonte, los triángulos de luz se desplazan hacia la base donde se encuentra una cabeza de serpiente emplumada tallada en roca.

Es por eso que también se le conoce como descenso de la serpiente emplumada.

¿Qué hace posible este espectáculo? La pirámide tiene por diseño el mismo desplazamiento que tiene el planeta en su norte geográfico respecto del norte magnético. Esta desviación es de 20°, 30 minutos y 30 segundos.

¿Cuándo? Ocurre en los equinoccios (primavera y otoño), siendo visible los 6 días más cercanos a estas fechas.

¿Qué representa? La llegada de la serpiente emplumada era un buen augurio para las cosechas y la salud del pueblo maya. Es curioso porque a raíz de esto, se invita a todos aquellos que acuden a presenciarlo, a vestir de blanco.

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La astronomía maya no murió con la caída de esta gran civilización prehispánica (claro está). Incluso tras el periodo de conquista, fue algo que perduró, aunque fuera en la clandestinidad. Con el paso del tiempo, terminó por ser una práctica que se mezcló con otros elementos más modernos. Aunque su legado está lleno de interrogantes y misticismo, son una muestra histórica de la increíble capacidad humana y la necesidad de generar conocimiento.

¿Qué otro legado de la cultura maya consideras que ha cambiado al mundo?

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